Tomando
mejores decisiones
Por
Lic. Gabriel Leandro, M.B.A.
Economista
Durante mucho tiempo el proceso de toma de decisiones
debió basarse más e el sentido común
o la intuición que en el empleo de herramientas
formales. Sin embargo, el desarrollo de las matemáticas,
la estadística, la investigación de operaciones
y la computación, entre otras disciplinas, han
puesto en manos de los tomadores de decisiones una amplísima
gama de herramientas cuantitativas, y también
cualitativas, que no sólo facilitan la toma de
decisiones en sí misma, sino que a la vez permiten
formalizar este proceso, mejorando, en consecuencia,
la planeación, el control y la organización,
lo que conduce a una mejor evaluación de los
resultados y los riesgos.
Se
puede decir que técnicas como la programación
lineal, que inicialmente se aplicaron casi sólo
a problemas de producción en manufacturas, en
años recientes han sido aplicadas en el ámbito
de los servicios, mejorando así la asignación
de recursos escasos en decisiones de carácter
financiero, mercadológico, de personal, entre
muchas otras.
Igualmente,
la teoría de colas, los modelos de inventarios,
la simulación, la teoría de la decisión,
los métodos de pronóstico, se encuentran
entre una gran cantidad de herramientas que pueden ser
empleadas, las cuales no sólo mejoran la visión
de los problemas a los que se enfrenta una organización,
sino que también permiten mayor precisión
a la hora de decidir. Esto último es fundamental,
ya que, por ejemplo, en una empresa podría haber
total acuerdo en el sentido de que es necesario disminuir
los costos, pero el verdadero problema consiste en determinar
exactamente cuáles costos disminuir y en qué
proporción.
También
es conveniente mencionar que todos estos métodos,
si bien se constituyen en un apoyo fundamental en la
toma de decisiones, no sustituyen al tomador de decisiones,
quien, con base en sus valores y objetivos, debe analizar
los resultados obtenidos y poseer la capacidad de implementarlos
apropiadamente.