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POBREZA EN COSTA RICA

Por Lic. Gabriel Leandro, M.B.A.

Economista

La pobreza es un fenómeno sumamente complejo y como tal posee múltiples dimensiones. Aspectos de carácter económico, estructural, político, social, entre otros se combinan, además de las distintas políticas públicas desarrolladas en esta materia. Este capítulo no pretende agotar el tema de las causas de la pobreza, ya que éstas, como se ha dicho, son sumamente complejas y abarca muchas dimensiones distintas. Sin embargo a continuación se tratarán los principales aspectos relacionados por los investigadores como los causantes de la pobreza, haciendo énfasis en el caso de Costa Rica en la mayoría de los casos. Cabe resaltar que en otras naciones se han presentado otros factores importantes en relación con la pobreza, como lo son la inestabilidad política y militar, las duras condiciones del clima, los altos niveles de endeudamiento externo de muchos países, el acelerado crecimiento de la población, enfermedades, epidemias, entre otros.

3.1 El ciclo económico

El ciclo económico es considerado por la mayoría de los investigadores y expertos como uno de los principales determinantes de la pobreza. Esto se da ya que en las fases recesivas del ciclo económico el nivel de ingreso de la sociedad tiende a disminuir, el consumo y la inversión se contraen, generando incrementos en los niveles de desempleo, y consecuentemente incrementos en los niveles de pobreza. Muchas familias que se encuentran en situaciones vulnerables caen en la pobreza fácilmente en estas épocas. También durante las recesiones los salarios caen, con lo cual se vuelve más difícil adquirir los bienes básicos. Para ilustrar esto se presentan las siguientes gráficas, tomadas todas de Céspedes y Jiménez (1995). Así se puede notar que tanto el PIB per cápita y el consumo familiar privado per cápita llevaban una tendencia creciente durante los años 60´s y 70´s, periodos en los que los niveles de pobreza se redujeron significativamente. A inicios de la década de los 80´s se da el periodo de crisis, con el cual cae fuertemente el PIB per cápita y el consumo.

La producción llega a tener tasas de crecimiento negativas durante los años de crisis, lo que repercute en tasas de desempleo cercanas al 10%, y disminuciones en los salarios reales.

Es de este modo que los niveles de pobreza se incrementan en una proporción muy elevada, pues se habían reducido a tasas de alrededor del 20% a finales de la década de 1970, hasta niveles de un poco más del 50% de los hogares costarricenses en 1982.

Luego de la crisis, la reactivación de la producción y la inversión lograron volver a generar empleo suficiente y los niveles de pobreza disminuyeron en forma paulatina hasta alcanzar sus niveles más bajos en 1994 (20%), año a partir del cual la pobreza tiende a situarse alrededor de esa cifra. Se dan incrementos ligeros en 1995 y 1996, este último año en el cual también se da un estancamiento de la actividad productiva. Desde 1998 las tasas de pobreza tienden ligeramente al alza, a pesar de que en algunos de esos años se dan fuertes tasas de crecimiento del Producto Interno Bruto. Esto se atribuye principalmente a que las actividades que han impulsado a la economía están poco “encadenadas” con el resto del aparato productivo.

Los niveles de pobreza se han mantenido prácticamente estancados durante los últimos años, a pesar de todos los recursos destinados a programas sociales y las elevadas tasas de crecimiento económico de algunos años. Bien señala el Estado de la Nación en su sexto informe (2000) al señalar que “para que se den reducciones en la pobreza se requiere no sólo crecimiento económico, sino también aumentos en el empleo, reducciones en el desempleo e incrementos en los ingresos reales de los ocupados y las familias”. En el Sétimo Informe del Estado de la Nación se menciona que “las dinámicas macroeconómica y sociodemográfica no están contribuyendo a mejorar la situación de las y los costarricenses de menores ingresos”. Investigadores como Pablo Sauma, Miguel Gutiérrez y Juan Diego Trejos apuntan que es importante realizar modificaciones en la política social y lograr un mayor y más balanceado crecimiento económico.

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3.2 Comportamiento del mercado de trabajo

Otro de los factores de gran relevancia en la reducción de la pobreza, es la capacidad del mercado de trabajo de generar empleo, de lograr mejores remuneraciones y la creación de empleos de mayor calidad. Así la gráfica muestra como en Costa Rica, durante los años de la crisis, a la vez que se incrementa el desempleo, también caen los salarios reales y la pobreza se eleva fuertemente. Pero en los años posteriores a la crisis el mercado laboral fue capaz de generar empleo (las tasas de desempleo llegan a bajar hasta el 4%), los salarios reales se incrementan y la pobreza disminuye. Esta tendencia se observa a partir de 1983, y se mantiene, excepto en 1991.

Este comportamiento del mercado de trabajo es atribuido por varios investigadores a la inversión realizada en salud, educación e infraestructura básica durante las décadas anteriores a la crisis.

Durante los años recientes las tasas de desempleo se han mantenido relativamente estables, con algunos incrementos en 1996 y 1999, coincidiendo con incrementos en los niveles de pobreza.

Ahora bien, no basta con que simplemente se genere empleo, sino también es importante propiciar una adecuada inserción en el mercado laboral, pues “la forma en la que una persona se inserte en este mercado va a condicionar en gran medida su probabilidad de caer en situación de pobreza” (UNICEF, 1998). Así el subempleo y el sector informal de la economía han crecido durante los últimos años. En este sentido Trejos (1992) señala que “el desempleo que caracteriza a los pobres se concentra en las actividades informales, en particular en las de carácter privado que es donde el riesgo de pobreza es mayor, especialmente en el caso de asalariados que desempeñan actividades de gran inestabilidad y precariedad y están expuestos a más riesgo de pérdida de empleo”.

Otros aspectos también son importantes en este sentido, pues se ha llegado a determinar que la mayoría de los hogares pobres dependen del salario como fuente principal de ingreso, de donde resalta la importancia del tipo y calidad del empleo, y de la evolución de los salarios reales. Así las familias dedicadas a actividades agrícolas y empleo que requieren poca calificación han sido más vulnerables a caer en la pobreza.

3.3 Distribución del ingreso

La teoría no deja totalmente clara la relación entre distribución y pobreza, aspecto que se mencionó brevemente cuando se habló de la pobreza relativa. Sin embargo se ha observado en muchos países que “una distribución equitativa de los ingresos puede jugar un papel muy importante en el dinamismo de la economía” (UNICEF, 1998).

La distribución del ingreso puede ser muy dispar en los distintos países, como lo resalta el sitio de internet http://www.eurosur.org: “Gracias a sus inversiones en recursos humanos, algunos países han conseguido asociar crecimiento económico y reducción de las desigualdades. Dentro de los mismos países varían enormemente los niveles de desigualdad; en las naciones desarrolladas, la diferencia entre el 20% de las familias más ricas y el 20% más pobres va de 4,34 a 1 en Japón, hasta de 9,6 a 1 en el Reino Unido; entre las naciones más pobres, las disparidades son de una amplitud comparable en una gran parte de Asia, donde son de 6 a 1 de media y en el oeste de este continente, en el que la media es de 7 a 1. Pero en la mayor parte de África las diferencias son aún más fuertes (13 a 1 de media) y llegan al máximo en América Latina (17,5 a 1 de media)”.

En Costa Rica a partir de los años 60´s la brechas se disminuyeron significativamente, y en los años de la crisis no se observaron cambios importantes. Durante los últimos años, la desigualdad medida a través del coeficiente de Gini, ha tendido a incrementarse, lo que el investigador Pablo Sauma relaciona con “el tipo de crecimiento económico que experimenta el país, muy concentrado en actividades que no se encadenan de manera adecuada con el resto de la economía” (La Nación, 5 de noviembre del 2001).

Aunque por estratos socioeconómicos no se han observado fuertes cambios, la estructura por edades si se ha alterado. Como lo señala la UNICEF (1998), los empleados con edades intermedias, 20 a 29 años, han sido los que han logrado mayores incrementos del ingreso, no así los ocupados de más de 60 años, cuyo ingreso más bien ha caído. En consecuencia la proporción de personas pobres mayores de 60 años ha aumentado de 4.1 en 1980 a 7.1 en 1994.

Según el Banco Mundial existen importantes razones para preocuparse por el problema de la desigualdad, entre las que destacan:

·      Recientes estudios empíricos han examinado el vínculo entre desigualdad y crecimiento, encontrando una relación negativa, en especial cuando se mira el impacto de la distribución de activos y del crecimiento. Estos estudios afirman que cuanto más igual es la distribución de activos, como la tierra, mayores serán las tasas de crecimiento.

·      Si la reducción de la pobreza es muy lenta, entonces es necesario replantear políticas públicas para redistribuir el ingreso, desde redes de protección social a gastos sociales.

·      La desigualdad, independientemente del nivel de pobreza, puede tener un importante impacto sobre indicadores de salud, tales como tasas de enfermedades y de mortalidad.

Según el Banco Mundial “hay varios canales por los cuales la desigualdad influye en los resultados económicos y sociales. Con mercados de capital imperfectos, los ciudadanos con bajos niveles de ingresos y poco aval para préstamos pueden encontrar un acceso reducido al capital. Esto les impedirá salir de la pobreza y al mismo tiempo distorsionará la distribución de recursos en la economía, y por tanto disminuirá las tasas de crecimiento. Las perspectivas de crecimiento económico también pueden ser influenciadas negativamente por la desigualdad a través del sistema de impuestos. Este sería el caso si – desde una perspectiva de política económica- la desigualdad llevara hacia una estructura de impuestos ineficiente” (Banco Mundial, PovertyNet).

3.4 Nivel educativo

A partir de los años setenta el nivel de escolaridad de la población costarricense empezó a incrementarse significativamente, gracias a los programas de alfabetización y universalización de la educación. Es así como “el nivel educativo se ha convertido en un factor cada vez más determinante de la inserción en el mercado laboral y con ella del riesgo de pobreza” (UNICEF, 1998). La siguiente tabla muestra la evolución de la escolaridad de la población nacional por grupos erarios.

Fuente: UNICEF, 1998.

Las personas con mayor nivel educativo han experimentado una mejor inserción en el mercado laboral y a su vez menores niveles de pobreza. Así en los hogares donde el jefe de familia posee mayores estudios la pobreza es menos frecuente. A partir de 1987 se ha observado la tendencia de que los trabajadores sin educación han visto disminuidos sus niveles de ingreso, mientras que el ingreso real de los más educados se ha elevado.

3.5 Género

En los hogares del primer quintil de ingresos se observa una mayor incidencia de hogares jefeados por mujeres, proporción que para 1999 el 31%, mucho mayor que la proporción a nivel nacional que fue del 23.1% ese año. Varios estudios señalan que no solo la incidencia de la pobreza es mayor en los hogares jefeados por mujeres, sino que su pobreza es más intensa, o sea que un mayor porcentaje está en pobreza extrema. Trejos (citado por UNICEF, 1998) señala que “a pesar de que la jefatura masculina sea la predominante en los hogares costarricenses la probabilidad de pobreza se duplica en el caso de que la mujer esté al frente del hogar”. A la mujer le es más difícil insertarse en el mercado laboral, y además sufre mayores discriminaciones. El sitio www.eurosur.org señala en este sentido que “todas estas dificultades afectan más a las mujeres que a los hombres, lo que agrava aún más el problema de la situación respectiva de unas y otros. A pesar de la protección jurídica e institucional, esta desigualdad persiste y se extiende. El rostro de la pobreza en el mundo es cada día más femenino”.

3.6 Tamaño y estructura del hogar

Uno de los rasgos más característicos de los hogares pobres es su mayor tamaño con respecto a los hogares no pobres, diferencia que radica principalmente en el número de niños.

Muchos investigadores consideran que si cada familia tuviera menos niños su pobreza disminuiría considerablemente, aunque no lo estiman como el principal determinante, pues se le asigna mayor importancia a la educación, a la condición laboral del jefe de familia y al número de personas laborando en el hogar.

En 1999 cada hogar pobre estaba compuesto en promedio por 4.7 miembros frente a 3.9 miembros de los hogares no pobres, y en los hogares pobres la relación de dependencia demográfica fue de 1.1, casi el doble de los hogares no pobres, o sea había en los hogares pobres más niños y adultos mayores por cada persona en edad laboral.

3.7 Lugar de residencia

La pobreza tiende a darse en forma más amplia e intensa en las zonas rurales que en las urbanas. Aproximadamente el 77% de los pobres del mundo en desarrollo viven en zonas rurales. Las zonas rurales de Costa Rica, en especial la región Chorotega y la Brunca, son las más pobres, aunque también son poco pobladas. Paradójicamente la zona menos pobre es la Central y a su vez concentra el mayor número de pobres del país. Trejos (1994) llega a la conclusión de que “la pobreza en Costa Rica es un fenómeno fuertemente vinculado a la agricultura y más específicamente con el tipo de agricultura y con el acceso a la tierra”. Aunque no todas las investigaciones respaldan esta última afirmación (UNICEF, 1998).

Las diferencias entre zonas urbanas y rurales también se notan en otros elementos. Por ejemplo las variables nivel educativo del jefe de familia y su respectiva condición de empleo son más importantes en las zonas urbanas que en las rurales. Lo contrario se da con la variable nivel educativo de quien crió al jefe de familia, que es más importante en zona rural que en la urbana.

3.8 Acceso a servicios de salud y servicios básicos

La página de internet www.eurosur.org señala, con respecto a las causas de la pobreza que “en el plano social, las causas principales (de la pobreza) son las desigualdades en el reparto de los recursos, de los servicios y del poder. Estas desigualdades a veces están institucionalizadas en forma de tierras, de capital, de infraestructuras, de mercados, de crédito, de enseñanza y de servicios de información o de asesoría. Lo mismo ocurre con los servicios sociales: educación, sanidad, agua potable e higiene pública”.

En el caso particular de Costa Rica se considera que el acceso por parte de los pobres a los servicios de salud es bastante alto, y que tal vez pueda ser un poco más bajo para los pobres que para los no pobres por dedicarse muchos de los primeros a actividades informales. Por otro lado el servicio de agua potable es bastante generalizado, y el acceso se da en menor medida a los servicios de electricidad, recolección de basura, teléfono, entre otros.

Las condiciones habitacionales varían significativamente entre los hogares pobres rurales y urbanos. En las zonas rurales los problemas giran en torno a la condición de la vivienda y la ausencia de servicios de apoyo, en cambio en las zonas urbanas la mayoría de los problemas de vivienda se relacionan con la propiedad de la vivienda y su estado general.

Referencias bibliográficas

·      Alvarado, Eduardo. CON LAS EXPECTATIVAS DE SU LADO. La Nación, 20 de julio del 2002, página 23.

·      Arias Sánchez, Oscar. NUEVOS RUMBOS PARA EL DESARROLLO COSTARRICENSE. Editorial Universitaria Centroamericana, San José, Costa Rica, 1979.

·      Banco Mundial. INDICADORES SOBRE DESARROLLO SOSTENIBLE: MARCO Y METODOLOGIAS. 1996.

·      Case. Fair. PRINCIPIOS DE MACROECONOMIA. Cuarta edición. Prentice Hall Hispanoamericana, México, 1997.

·      Céspedes. Jiménez. LA POBREZA EN COSTA RICA: CONCEPTO, MEDICION Y EVOLUCION. Estudios 11. Academia de Centroamérica y Centro Internacional para el Desarrollo Económico. San José, Costa Rica, 1995.

·      COSTA RICA COMTEMPORANEA: RAICES DEL ESTADO DE LA NACION. Primera edición. Editorial Universidad de Costa Rica, San José, Costa Rica, 1999.

·      Cuadrado Roura, Juan. POLITICA ECONOMICA: OBJETIVOS E INSTRUMENTOS. Segunda edición, McGraw Hill, Madrid, España, 2001.

·      Fallas, Helio. CRISIS ECONÓMICA EN COSTA RICA. Editorial Nueva Década, San José, Costa Rica, 1982.

·      Jiménez, Gustavo. GOBIERNO FIJA RUMBO. La Nación, 20 de julio del 2002, página 22.

·      Parkin, Michael. MICROECONOMIA; VERSION PARA LATINOAMERICA. Quinta Edición. Pearson Education, México, 2001.

·      PNUD. INFORME SOBRE DESARROLLO HUMANO 2001. Ediciones Mundi-Prensa, México, 2001.

·      Proyecto Estado de la Nación. ESTADO DE LA NACIÓN EN DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE. SEXTO INFORME 1999. PNUD, San José, Costa Rica, 2000.

·      Proyecto Estado de la Nación. ESTADO DE LA NACIÓN EN DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE. SETIMO INFORME 2000. PNUD, San José, Costa Rica, 2001.

·     Saborío, Sylvia. ELEMENTOS DE ECONOMIA. 12ª reimpresión de la 1ª edición. EUNED. San José, Costa Rica, 1994.

·      Schubert, Renate. POVERTY IN DEVELOPING COUNTRIES: ITS DEFINITION, EXTENT AND IMPLICATIONS. Economics, volume 49/50, Institute for Scientific Co-operation, Tubingen, Germany, 1994.

·      UN ESTIGMA SOCIAL. Editorial Periódico La Nación, 16 de noviembre del 2001, página 15.

·      UNICEF. ESTUDIOS SOBRE POBREZA EN COSTA RICA: UNA VISION CRITICA. 1ª edición. UNICEF, San José, Costa Rica, 1998.

Páginas de internet consultadas:

·         http://www.worldbank.org/poverty

·         http://www.eurosur.org

·         http://www.monografias.com

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